Una historia de discriminación
Después de aquella tragedia la noche del 14 al 15 de abril de 1912, la prensa estuvo hablando sobre el Titanic durante meses. La opinión pública conocía perfectamente las maravillas de su hermano gemelo, el Olympic, que llevaba ya un año en servicio y del Titanic se decía que en muchos aspectos iba a superar al Olympic, a pesar de que prácticamente eran idénticos. Las anunciadas expectativas y el mito de la insumergibilidad del buque saltaron en mil pedazos ante el horror que se escondía tras las cifras de muertos reflejadas en las conclusiones de la investigación que llevó a cabo el Senado de los Estados Unidos: de los 2.223 pasajeros y tripulantes, 1.517 murieron.
Comenzando con la tripulación del buque las cifras hablan por sí mismas: 899 personas de las cuales 685 perecieron.
En lo que a pasajeros se refiere las cifras fueron aún más dramáticas y dan una idea de la discriminación (deliberada o no) sufrida por los pasajeros de tercera clase: