Las consecuencias de las guerras napoleónicas en Europa fueron desastrosas. En el siglo XIX la miseria asolaba todo el continente europeo, obligando a
millones de personas a huir de sus países y buscar oportunidades en Estados Unidos, la nueva tierra prometida. Al no haber buques exclusivamente para el tráfico de pasajeros, la gran demanda de barcos para cruzar el Atlántico llevó a las grandes navieras a buscar nuevas fórmulas.
Solo a partir de 1839 empiezan a construirse buques dedicados exclusivamente al transporte de personas. Se establecieron tres tarifas diferentes de billetes: primera,
segunda y tercera clase. Las compañías navieras empezaron a disputarse las rutas y los barcos empiezan a crecer en tamaño, lujo y velocidad. Sin embargo, este
aumento en el tamaño de los barcos no se correspondía con la rentabilidad, ya que las personas más adineradas solo viajaban en determinadas épocas del año. El resto del tiempo, los barcos hacían su servicio principalmente con emigrantes de tercera clase.
Al no cubrir los gastos surgió la necesidad de acrecentar aún más el tamaño de los buques de pasajeros.
A finales del siglo XIX, solo existían dos compañías con los mejores barcos y servicios en los desplazamientos,la Cunard Line y la White Star Line cuyos barcos eran
construidos en los astilleros Harland and Wolf de Belfast. Cunard Line, botó en 1906 dos nuevos buques: el Mauretania y el Lusitania, equipados con un sistema de turbinas de vapor que les daba una velocidad de unos 25-26 nudos (casi 50 km/h), convirtiéndolos en los barcos más rápidos del mundo.
Su entrada en servicio fue un duro golpe para la White Star Line. J. Bruce Ismay, hijo del fundador original, aceptó el reto y propuso en marzo de 1907 construiruna nueva serie de buques que superaran a los de sus competidores en tamaño, lujo y velocidad. Serían tres barcos idénticos que recibirían el nombre de Olympic Series Liners. Sus nombres serían respectivamente Olympic, Titanic y Gigantic.
El primero de los tres buques, el Olympic, entró en servicio en 1911. Poco después, tras más de 3 años de construcción con más de 15.000 carpinteros e ingenieros, el Titanic estuvo listo para zarpar en abril de 1912. El coste total fue de 7,5 millones de dólares (200 millones de dólares de hoy). A pesar de los cambios y los avances técnicos, el Titanic llegó a alcanzar una velocidad máxima de 24 nudos (44,5 km/h).