NIÑOS AL TITANIC
NIÑOS AL TITANIC
En la primera clase tenemos que imaginarnos un espacio rodeado de todo tipo de suntuosidades que les permitiera estar familiarizados con el lujo de sus propias casas. Los niños y niñas llevaban a sus institutrices que se encargaban de vestirlos con ricos trajes a la última moda, cuidando siempre de que su comportamiento fuera acorde con la clase social. Aún así, la vida de los niños y niñas no debía de ser muy entretenida al estar limitados por el espacio del trasatlántico. Disfrutaban de largos paseos en las cubiertas del barco en los momentos de ocio que había entre las cuantiosas comidas, meriendas o aperitivos que se colocaban en el calendario con el in de rellenar las largas horas de viaje. Familiarizados con la música por las clases privadas que recibían en sus casas, debemos entender que asistían con interés a los diferentes conciertos que se celebraban en el Titanic. Los niños de primera viajaban con algunos de sus juguetes, todos ellos carísimos e inalcanzables para los críos de tercera clase. Las niñas siempre llevaban encima muñecas de porcelana, mientras que ellos usaban juguetes de hojalata o los entonces de moda y carísimos muñecos de plomo. El Titanic para los niños de tercera clase era una delicia. Comían comida caliente varias veces al día, con dulces a los que no estaban acostumbrados. También era la manera más sencilla de conocer a otros niños de distintos países europeos o incluso de Turquía o China. A pesar del desconocimiento del idioma se hacían amigos y jugaban al fútbol con balones de trapo en las cubiertas de proa y popa. Las niñas de tercera clase jugaban a la comba y también con muñecas de trapo y madera, tal vez no tan bonitas como las de las niñas de primera clase, pero eran igual de divertidas.
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